El corazón del poeta
es rebelde
no distingue entre pecado
o virtud
pues su vida es un fogonazo
en el universo.
Un estallido de pasión.
Una estrella fugaz
en el firmamento.
Dichosos los ojos que lo ven
y se tiñen de su luz
por un momento.
Son como cristales que en la noche
reflejan la luz invisible
del ser sin tiempo.
Y no pueden durar más
que lo que dura este aliento.
Pero este aliento es la vida
y la luz invisible
su sustento.